RESTAURACIÓN PORSCHE CARRERA.

He de reconocer que el principal motivo para afrontar este reto ha sido el sentimental. Mi primer escalextric… y sus dos porsche carrera.

Hace menos de un año que me he enganchado a la competición. Es un mundo apasionante de tensión, técnica y habilidad. Me gusta y como siempre trato de transmitir mi entusiasmo a los más cercanos. Les comento mis experiencias, rememoro tiempos pasados y, en cierto modo, trato de engancharlos y hacerlos participes. Así que no es de extrañar que un día mi hermano llegara con una caja de zapatos llena de maravillosas ¡¡Sorpresas!! Dentro, entre otros restos, las dos carrocerías de porsche carrera, una naranja y la otra blanca, y sus correspondientes chasis. Todo oportunamente tuneado, por sus propietarios de menos de diez años, y, como no, casi destruidos. La cuestión es que entre los dos podía montar uno y uno es siempre mejor que ninguno.

Inicialmente pensé restaurar el coche a su estado original. Pero después de darle algunas vueltas llegue a la conclusión de que no era lo que quería. Decantarme por una de las carrocerías, limpiarla bien, gastarme algo de pasta y comprar todos los accesorios estropeados y así tendría una pieza con casi 30 años y aspecto de haberla comprado ayer. No… decidí sacar el niño que tantas horas había jugado con este coche en un eterno ocho y hacer lo que siempre había querido hacer “convertirlo en una pieza única”.

La primera maniobra fue reconstruir las piezas que me faltaban. Tubos de escape y espejos retrovisores. Los escapes, como corresponden a un buen tuneado, deben llamar la atención. Por ese motivo los he realizado de mayor diámetro que los originales, utilizando plástico de maquetas ahuecado oportunamente. Un poco de alambre y el mismo plástico ha sido suficiente para la reconstrucción de los espejos. Es claro, por el resultado final que el objetivo no es una fiel reproducción del original…

El interior, cristales y todos los pilotos son los originales y si os fijáis pondréis apreciar el deterioro de los mismos. Los aros cromados de los faros delanteros los sometí a un proceso de restauración consistente en limpieza, aun les quedaban restos de supergen de la época con el que se mantenían pegados, y una mano de pintura plata. El resultado no ha sido del todo malo.

Al interior, a parte de pintar las barras de seguridad en plata, le he aplicado tratamiento, con pinturas acrílicas vallejo, imitando cuero sobre asientos y salpicadero. De este modo resulta posible distinguir el interior del vehículo a pesar del tintado de los cristales.

El trabajo de pintura no ha sido muy complicado. Finalmente me decante por la carrocería blanca, era la que en mejor estado se encontraba y presentaba la ventaja de no tener que dar imprimación base en color neutro. La primera operación fue limpiar a fondo la carrocería. Agua, jabón neutro y alcohol como desengrasante. Una vez limpia aplique una ligera pasada con estropajo verde, actúa a modo de lija muy fina dejando la superficie ligeramente rallada y mejora considerablemente la adherencia de la pintura sobre el plástico. No resulta complicado decantarse por las pinturas acrílicas TAMIYA por su excelente calidad. Como disolvente he utilizado limpia cristales de automoción, siguiendo la recomendación de un buen amigo y gran maestro en el mundo de las maquetas Joaquín García Gázquez.

El resultado es bastante bueno, sobre todo con los colores más oscuros. Con los claros hay que intentar no desesperar. Cuesta bastante más cubrir y requiere más capas y un poco más de sensibilidad para conseguir la solución correcta entre pintura y disolvente. Las primeras capas corresponden al color base naranja. Posteriormente he aplicado el azul hasta conseguir el degradado deseado.

Sobre las llantas he aplicado una fina capa de pintura azul de modo que se consiga transparencia en el cromado original y posteriormente he limpiado el filo de modo que podemos verlo con ligero efecto envejecido.

Ya os habréis dado cuenta que lo importante no son los medios, sino el resultado que finalmente se obtiene. Se que en el mercado hay bastantes herramientas especializadas que permitirían sujetar la carrocería del modo que quisiéramos pero seguro no son tan económicos como la plastilina y el alambre que he utilizado.

Para finalizar el trabajo con las calcas, he aplicado un barniz brillo sobre toda la carrocería. El objetivo principal es conseguir una superficie más fina para mejorar la adherencia de la calca. El motivo seleccionado es Michelin y Gulf, no por nada especial sencillamente pienso que encajaban con los colores seleccionados. Después de un par de días de secado me dedique a colocarlas con bastante poca idea de cómo debía hacerlo. Reconozco que esta ha sido la parte que más me ha costado y de la que menos satisfecho me encuentro de todo el trabajo pero prometo enmendar la plana con el próximo proyecto.

Como conclusión solo me queda decir que me sorprende enormemente la calidad de las proporciones para tratarse de un modelo con tantos años. El plástico que se utilizaba no tiene nada que ver con el que se emplea hoy día mucho más fino, flexible y resistente pero a pesar de ello sigue siendo un gran coche y bajo mi humilde opinión uno de los más bellos.

Autor:

Manuel García-Malea Pedradas.

Almería, junio 2007.